Taller de educación artística corporal con los becarios del Núcleo Quito

El 22 de febrero de 2026, los becarios del Núcleo Quito participaron en un enriquecedor taller de educación artística corporal e improvisación, realizado en la Casa – Taller del Parque Arqueológico y Ecológico Rumipamba. La jornada contó con la valiosa colaboración de la Licenciada en Artes Escénicas y Teatro, Karina Hidalgo, quien guio a los participantes a través de experiencias lúdicas orientadas al desarrollo de la expresividad y la conexión con los demás.

El taller estuvo centrado en el juego escénico como herramienta pedagógica para promover la apertura, la escucha activa y el reconocimiento de la otredad. A través del movimiento y la improvisación, se buscó fortalecer la confianza, la creatividad y las características expresivas personales de cada participante.

La jornada inició con una caminata consciente por el espacio, un ejercicio destinado a activar la atención y la escucha. Durante la dinámica, al escuchar la palabra “uno”, los participantes debían chocar las manos; al oír “dos”, chocar los pies; y con “tres”, chocar las caderas. Esta actividad permitió romper el hielo, afinar la concentración y fomentar la coordinación grupal en un ambiente de respeto y alegría.

Posteriormente, se desarrolló el clásico juego del gato y el ratón, pero con una variación creativa. Mientras las manos del círculo permanecían arriba, el gato y el ratón debían zigzaguear entre los compañeros; al bajar las manos, podían correr de manera tradicional. Esta adaptación estimuló la agilidad, la capacidad de reacción y el trabajo en equipo, reforzando la importancia de la cooperación dentro del grupo.

Otra de las actividades fue “El espadachín”. Los participantes formaron una fila y eligieron a un líder que portaba una espada imaginaria. Si el espadachín intentaba “cortar” las gargantas, debían agacharse; si apuntaba a los pies, saltar; si dirigía el movimiento hacia la derecha, el grupo debía desplazarse a la izquierda, y viceversa. Este ejercicio puso a prueba la atención, la rapidez mental y la conexión entre mente y cuerpo, en un ambiente dinámico y divertido.

Más adelante, se realizó la dinámica de “La marioneta”. En grupos de tres, uno asumía el rol de marioneta mientras los otros dos movían sus extremidades para crear poses originales. Las figuras resultantes fueron graciosas, intrépidas, extrañas e imaginativas. Al finalizar, cada equipo presentó su “maniquí” al resto del grupo y le asignó un nombre, fortaleciendo así la creatividad colectiva y el sentido de pertenencia.

El taller concluyó con un momento de reflexión en círculo, sentados en el piso, donde cada participante compartió lo aprendido y lo sentido durante la experiencia. Las intervenciones evidenciaron que el arte no solo es una herramienta de expresión, sino también un medio para fortalecer la autoestima, la empatía y el vínculo comunitario.

Espacios como este taller permiten a nuestros becarios y becarias descubrir nuevas formas de comunicarse, reconocerse y crecer juntos.

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